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viernes, 14 de marzo de 2014

CAPÍTULO XVIII - CURANDERA



TRAISA






Caminaba en silencio dirección a la enfermería seguida por aquella chica de pelo rojizo. Muchas personas habían acudido a Traisa en busca de ayuda médica, pero nadie con dinero.

La tecnología propiedad de la Hermandad del Rayo se compraba con tecnología o con dinero, no se caracterizaban por ser una orden benéfica. Los beneficios obtenidos por las ventas eran destinados al pago de científicos para el estudio de nuevas tecnologías además del suministro a los integrantes.

Solo se podía pertenecer a la Hermandad siendo familiar de algún integrante de la misma o realizar algún favor que implicase la obtención de tecnología de gran valor para la Hermandad del Rayo. Los padres de Traisa pertenecieron a la orden, sus abuelos que ella recordara también.

Aun era una niña de teta cuando quedó huérfana a causa de una explosión en una fábrica de robots abandonada, donde sus padres habían accedido con el propósito de obtener piezas de recambio. La explosión fue causada por soldados del ejército del Pueblo Libre, pusieron bombas de control remoto en la sala donde se realizaba el montaje de las células de alimentación energética y el núcleo atómico de estas hizo el resto. La explosión fue tan grande que sacudió los cimientos de las aldeas cercanas dejando reducido aquel sitio a cenizas. Soldados de la Hermandad del Rayo visitaron aquel sitio al poco de enterarse de la noticia, aunque cuando eso pasó ya habían pasado varios días y a su llegada, solo encontraron escombros y una foto de familia medio quemada donde a duras penas se veía a Traisa recién nacida a brazos de su madre acompañada de su padre. Desde aquel momento, la pequeña Traisa fue hija adoptiva de la Hermandad del Rayo, declarándose la guerra con el Ejército del Pueblo Libre.

Habían pasado muchos años de aquel incidente, las fuerzas de la Hermandad habían mermado a causa de su restrictiva política para reclutar nuevos miembros. Aunque la guerra seguía en pie.

-Es aquí- señalando con el dedo la puerta de acceso, arriba en el marco ponía el cartel de enfermería en un cartel luminoso. A la izquierda de la puerta había un lector de huellas dactilares, Traisa puso el dedo índice de la mano derecha sobre el lector y al momento la puerta se abrió.

Era una sala pequeña, con una temperatura más baja que el resto del complejo, a ambos lados camas cubiertas de sabanas blancas dejando en medio un estrecho pasillo. Todas las camas estaban equipadas con monitores, sensores y dispositivos para tener controladas las constantes del paciente en todo momento.

Un robot era el encargado de los diagnósticos y cuidados médicos de la sala. De forma cuadrada y color verde claro, tan claro que en espacios de mucha luz como aquella sala parecía ser blanco. Levitaba a escasos centímetros del suelo. Comprobaba el estado de uno de los soldados de la Hermandad del Rayo, tenía una especie de brazo articulado posado sobre el pecho del hombre.

Una vez el robot notó la presencia de Traisa y Poli interrumpió su labor. Un holograma apareció de una pequeña cámara proyectora situada en el frontal del androide, este dibujaba la imagen de un hombre vestido con atuendo de doctor y tamaño similar al de hombre adulto.
Camilla e instalaciones medicas

-¡Buenas Traisa! ¿Que paciente traes hoy?- el holograma se movía a la vez que la voz. Una voz entrecortada con tono enlatado.

-Aquí mi amiga Poli, según dice tiene problemas de corazón- Traisa hablaba con toda naturalidad con el robot-doctor como si este fuera una persona de carne y hueso.

-Señorita desnúdese si es tan amable- aunque parecía simpática la voz del robot era imperativa.

-¿Pero aquí en medio?- preguntó Poli, tenia la cara roja.

-¡Anda no seas vergonzosa, si solo es un robot! Y no te preocupes por el otro-bromeó Traisa refiriéndose al hombre tumbado en una de las camas, el cual estaba siendo atendido anteriormente por el robot-esta tan puesto de drogas que no ve tres en un burro.

Poli con sumo cuidado se quitó la coraza dejándola en el suelo. Una vez desnuda como su madre la trajo al mundo el robot comenzó a escanearla. De una cámara similar a la del holograma salía un potente haz de luz rojo intenso, el robot daba vueltas e inspeccionaba de arriba a abajo el cuerpo de Poli. El holograma dejó de ser la silueta de un medico para mostrar las imágenes del interior del cuerpo de la chica.

No era la primera vez que Traisa asistía a un chequeo médico, también había sido objeto de unos cuantos a lo largo de su corta vida. El cosquilleo que producía en los órganos al entrar en contacto con el escáner del robot, era placentero y desagradable a la vez, como si alguien estuviera metiendo la mano dentro de su cuerpo y tocando cada rincón del mismo.

Después de un breve periodo el robot apagó el escáner y se dispuso a dar el diagnostico; <<Que dios nos pille confesados>>

El androide narraba los resultados al mismo tiempo que aparecían los órganos escaneados uno a uno en el holograma; -Hembra de edad celular entre treinta y cinco y treinta y siete años- el holograma mostraba una foto tomada en ese instante - Órgano cerebral intacto, el cráneo presenta diferentes hematomas leves - el holograma encogía la imagen de la foto y presentaba el cerebro y cráneo perfectamente detallados, una imagen que nunca dejaba de impactar a Traisa por muchas veces que las hubiera visto -pulmones dañados por una exposición prolongada al tabaco.

-¡Si yo no fumo!- fue la reacción de Poli al comentario.

-No te preocupes- respondió Traisa con calma- si frecuentas bares o la polución del ambiente puede dar lugar a esos resultados.

-Daños irreparables en el corazón- siguió el robot con el diagnostico- necesario trasplante urgente, esperanza de vida del paciente veinte días. Esperanza de vida post operación natural de un humano.

El resto de órganos poco importaron, el diagnostico del robot era preocupante. <<No disponemos corazones para el trasplante, ni humanos ni artificiales>>. Traisa se preguntaba como podría salvarle la vida a aquella muchacha, el robot solo estaba diseñado para trasplantar órganos artificiales diseñados con tecnología biológica y no conocía nadie con conocimiento suficiente en la medicina antigua para realizar tal operación. ¿Donde podría encontrar un corazón artificial? Si aun existían en algún sitio estos debían localizarse en los búnkeres cerrados. Búnkeres que desde el estallido de la guerra no se habían aperturado, quedando dentro generaciones de personas que en su vida habían visto la luz del sol. ¿Seguirían con vida estas extrañas personas? Y si era así ¿Como acogerían la intrusión de la gente de fuera?

-Quédate aquí- dijo a Poli - el doctor Robot estará pendiente de ti mientras preparamos todo lo necesario para la operación, aunque te advierto que un corazón nuevo es caro.

-Mi hermano ha ido en ayuda de una mujer, la cual nos ha prometido una sustanciosa recompensa.

<< Esperemos que vuelva >> En ese momento se le encendió la bombilla. Para no poner en peligro a ningún integrante de la Hermandad podría enviar a su gran amiga Acero en busca del hermano de Poli para que este fuera en busca del corazón, aunque el problema era mayor. No tenía la ubicación exacta de ningún Bunker cerrado. Los pocos que habían explorado estaban abandonados y completamente desvalijados y el robot que debía contener las coordenadas exactas de los mismos, había sido robado días atrás en una emboscada del Ejército del Pueblo Libre, cuando unos compañeros regresaban de una misión de exploración, quedando los tres soldados muertos cerca de Penélope.

-¿Donde decías que había ido tu hermano?

-Se dirige a la base de la Banda de los Trajes Grises para liberar unos niños prisioneros ¿Porque?

-Nada, curiosidad. Quédate aquí luego vengo a verte.

Salió a toda velocidad de la enfermería. Toda respuesta podría obtenerla en el centro de investigación, había en juego dinero y posiblemente nuevos soldados para la Hermandad, además de un valioso botín tecnológico que les serviría de gran ayuda en su particular guerra contra el Ejercito del Pueblo Libre.

Rápidamente llegó al centro de investigación, el comandante Alain Truchement estaba al cargo de la sala.

-¡Comandante tengo algo muy serio entre manos!- el comandante se encontraba revisando un detallado mapa dibujado en una gigantesca pantalla de cristal trasparente situada al centro de la sala. Una sala enorme con una veintena de ordenadores aunque solo estaban siendo utilizados la mitad de ellos.

-Esto es más importante, espera- respondió el comandante, un hombre alto, corpulento con peinado militar y vestido de servoarmadura plateada.

-Eso son...

-Efectivamente Traisa- interrumpió Alain - anoche la radio del bot de reconocimiento que perdimos volvió a funcionar y pudimos localizar su posición y rastrearlo. Pasó la noche en esta gasolinera situada a unos kilómetros de aquí- señalo la gasolinera en el mapa con un largo alfiler con punta de goma - Hace unos instantes perdimos de nuevo su señal en este punto - señaló una montaña cercana a la gasolinera -Solo caben dos posibilidades, o bien que el bot haya sido anulado de nuevo o que se trate de uno de los búnkeres. De inmediato vamos a mandar soldados de incógnito para realizar el reconocimiento de la zona. Perdona Traisa ¿Que querías?

- Hay una chica que ha venido con un montón de chapas buscando ayuda médica, necesita un corazón artificial y bien dios sabe que si no lo encontramos en esos búnkeres no lo encontraremos en otro sitio.

-Esos corazones no valen todas las chapas del mundo- interrumpió el comandante.

-Tengo la solución. Su hermano se encuentra realizando unos trabajillos para una mujer en el Notocar. Podemos enviar a Acero en su busca y juntos que hagan el trabajo sucio- sugirió Traisa.

-¿Acero? ¿Esa chiflada que cogió del cuello a dos hombres enormes y los estranguló antes que tocara el suelo? ¿Acaso no recuerdas que esta en el calabozo bajo sedación?

-Estoy dispuesta a correr el riesgo. Sabes que es mi amiga, y por mí hará lo que sea.

-Esta bien hija... hay mucho en juego. Pero si la misión sale mal todo el peso de los mandos superiores caerá sobre ti. Yo negare haber tenido esta reunión contigo.

No le extrañaban las palabras del comandante, este mentiría hasta a su propia madre el día de su muerte. Traisa salió de la sala con una sonrisa de oreja a oreja. <<De esto me ascienden seguro>>, fue en busca de su amiga Acero. Se preguntaba si esta la perdonaría después de haberla engañado para poder sedarla el día que ocurrió la pelea. <<Puedo hacerlo, la convenceré>>

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